Vi la final del Mundial 2026 a las tantas de la madrugada, desde Nueva Zelanda, con la tele encendida y la sensación de siempre: mirando desde afuera. España levantó la copa, el confeti se barrió y a mí me quedó ese vacío conocido de ver un Mundial sin Chile. Pero esta vez, en lugar de quedarme rumiando lo perdido, me sorprendí haciendo cuentas para el próximo. Y por primera vez en mucho tiempo, las cuentas nos sonríen.
El sorteo que nos deja casi adentro
La noticia que me tiene dándole vueltas es esta: la Conmebol mantiene seis cupos directos al Mundial 2030 más uno de repechaje, pero ojo con el detalle que lo cambia todo. Argentina, Uruguay y Paraguay ya están clasificados como sedes de los partidos del centenario, y ocupan tres de esos cupos sin jugarse nada. Es decir, quedan solo tres boletos directos más el repechaje, y siete selecciones (Brasil, Colombia, Ecuador, Chile, Perú, Bolivia y Venezuela) peleando por ellos. Haz tú la matemática: con las tres potencias fuera de la pelea, es la clasificatoria menos exigente que le ha tocado a Chile en mi vida.
Los números lo dicen sin vueltas: hay tres cupos directos y un repechaje para siete selecciones, así que Chile tiene que terminar entre las tres mejores de las que sí pelean, con el repechaje como red de emergencia. Las Eliminatorias arrancan en 2027, todos contra todos, dieciocho fechas, ida y vuelta. Traducido para el hincha que madruga en el otro lado del planeta: tenemos casi cuatro años y un formato regalado. Nunca habíamos tenido tanto a favor sin haber jugado un solo minuto.
Y sin embargo, seguimos sin timón
Acá viene la parte que me hierve la sangre. Tenemos el boleto casi en la mano y no tenemos entrenador definitivo. Seguimos con Nicolás Córdova de interino (cuatro partidos dirigidos, dos triunfos, un empate y una derrota), después de que Gareca se fuera tras aquella noche horrible en El Alto. La ANFP, con Felipe Correa a cargo de la búsqueda, lleva meses moviéndose en silencio, y los nombres que suenan son un culebrón en sí mismos.
El propio Córdova dijo lo que muchos soñamos: le encantaría que llegara Manuel Pellegrini, sin dudarlo. Pero al mismo tiempo aparece con fuerza el rumor de Sebastián Beccacece, que vendría desde Ecuador con un acuerdo ya cerrado. Y por si faltaba condimento, Arturo Vidal salió a criticar a Córdova y a decir que no quiere a Pellegrini. Un vestuario que opina antes de que exista el proyecto: muy chileno todo, y no lo digo como halago.
Lo que me da rabia no es que discutamos, es que discutamos sin rumbo. Un proceso a 2030 no se improvisa en marzo cuando ya empezaron las fechas. Se construye ahora, en este receso, decidiendo si apostamos por un ingeniero de la vieja escuela como Pellegrini o por un discípulo de la intensidad como Beccacece. Son dos ideas de fútbol distintas, y elegir tarde es elegir mal.
El peligro de un boleto regalado
Voy a decir lo que quizás no es popular: un cupo fácil puede ser la peor trampa para una selección que se acostumbró a perder. Chile viene de dos Mundiales mirando por la ventana. Una generación dorada que se apagó, un recambio que nunca terminó de llegar, y ahora un formato que nos perdona casi cualquier tropiezo. El riesgo es entrar al Mundial 2030 por la puerta de atrás, sin proyecto, solo porque los grandes se restaron. Clasificar así no arregla nada: solo esconde el problema cuatro años más.
Prefiero mil veces que usemos este regalo como lo que debería ser: una red de seguridad para atreverse a reconstruir. Darle minutos a los pibes, armar una idea, aguantar un par de derrotas sin echar al técnico a la primera. Con tres cupos directos, el repechaje y tres rivales menos, por fin podemos permitirnos pensar en largo. Sería una tragedia desperdiciar eso por la ansiedad de siempre.
Hasta hubo espacio para el detalle que menos me importa y a la vez me hace sonreír: desde 2027 nos vestirá una marca ecuatoriana, con una cifra récord y hasta premios por clasificar. Camiseta nueva, plata nueva, formato nuevo. Ojalá que el fútbol también sea nuevo.
Yo voy a estar acá, en el fondo del mundo, poniendo el despertador en 2027 como lo he hecho toda la vida. Pero por primera vez en años no madrugo para sufrir por sobrevivir: madrugo para pedirle a esta selección que aproveche la mano que le tocó. El boleto casi está. Ahora falta lo difícil, que es merecerlo.




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