La Roja se va de gira por los tres países del Mundial al que no fuimos, y desde Nueva Zelanda no sé si mirarla con nostalgia o con rabia

Hay giras que son una preparación y hay giras que son una postal cruel. La de la Roja en septiembre es de las segundas. En plena fecha FIFA, Chile se va a Norteamérica a jugarle a los tres países que acaban de organizar el Mundial: Canadá el sábado 26 de septiembre en Toronto, Estados Unidos el martes 29 en el Energizer Park de Saint Louis, Misuri, y México el 6 de octubre en Los Ángeles. Tres anfitriones, tres estadios que este verano (invierno para nosotros aquí abajo) estuvieron llenos de banderas de medio planeta. Y nosotros llegando de visita, con la camiseta puesta, a mirar por dentro la fiesta a la que no nos invitaron.

Lo escribo y me arde. Soy hincha de Colo-Colo antes que de nada, eso lo saben, pero la Roja duele en otro lado. Duele en el estómago. Quedamos fuera del Mundial por tercera vez seguida, y esta vez ni siquiera hubo la ilusión de un repechaje que nos mantuviera despiertos hasta el final. Ver a Estados Unidos, Canadá y México meter a su gente en un Mundial de casa mientras nosotros armábamos amistosos para no perder el ritmo es, más o menos, la definición exacta de dónde estamos.

Una gira contra los dueños de la fiesta

Y sin embargo, tengo que ser honesto: como test, la gira está bien pensada. Enfrentar a los tres organizadores del Mundial no es cualquier cosa. Estados Unidos ya nos goleó una vez este año y es un equipo que juega rápido, físico, incómodo. Canadá creció una barbaridad y jugó de igual a igual con selecciones grandes en su propio Mundial. México en Los Ángeles, con medio estadio mexicano y la otra mitad también, es prácticamente jugar de local en contra. Son tres rivales que te obligan a correr, a pensar y a aguantar. Después de años de amistosos tibios contra rivales cómodos, por fin la ANFP agenda partidos que incomodan. Eso lo aplaudo, aunque me cueste.

Lo que no aplaudo es la sensación de siempre: que vamos a estos partidos sin un plan de dos o tres años detrás, solo con la urgencia de tapar el hoyo del último fracaso. Chile lleva media década reconstruyéndose y nunca termina de construir nada. Cambiamos de técnico, cambiamos de idea, subimos a cuatro pibes, los quemamos, y cuando aparece la próxima Eliminatoria volvemos a llamar a los mismos veteranos que ya se despidieron dos veces. Así no se sale del pozo.

Córdova, los jóvenes y la obligación de mirar hacia adelante

La Roja llega a esta gira con Nicolás Córdova en el banco, todavía sin un proyecto definitivo confirmado sobre quién dirige el ciclo largo. Y acá va mi opinión, aunque a más de uno no le guste: prefiero mil veces a Córdova poniendo chiquillos de la sub que a otro nombre grande importado que llegue a repetir la fórmula fracasada. Córdova conoce a la generación que viene, la que sacó cosas en las categorías juveniles, y esa es exactamente la gente que tiene que sumar minutos contra rivales duros ahora, cuando no hay puntos en juego y sí hay mucho que aprender.

Porque de eso se trata una gira así: no de ganar por ganar, sino de ver quién aguanta la presión de jugar contra un mundialista con el estadio en contra. Ahí se ven los que van a bancar la próxima Eliminatoria y los que solo sirven para el amistoso amable en Santiago. Si Córdova usa estos tres partidos para eso, para probar y no para maquillar, la gira habrá valido la pena aunque perdamos los tres. Y si los usa para salvar su cargo con un resultado bonito, habremos perdido otra ventana más. En Chile tenemos una costumbre fea de confundir un empate digno con un proyecto.

Desde el fondo del mundo

Para los que estamos en Nueva Zelanda, estos amistosos caen en horario raro y todavía sin hora oficial confirmada, así que conviene mirar la agenda con cuidado: un partido que se juega el martes por la tarde en Misuri lo terminamos viendo la madrugada o la mañana del miércoles acá en NZT, con la diferencia horaria jugando en contra como siempre. Voy a estar atento a la confirmación de horarios y a dónde se transmite, porque para la diáspora chilena de este lado del planeta, esos partidos a deshora son de las pocas veces al año que uno se siente en casa aunque sea a través de una pantalla.

Y ahí está lo raro de todo esto. Me quejo, tengo rabia, escribo que me arde, y aun así voy a poner el despertador para ver a la Roja perder o empatar contra Estados Unidos a miles de kilómetros de todo. Porque eso es ser hincha de una selección chica en el mapa grande del fútbol: seguir apareciendo aunque no haya Mundial, aunque duela, aunque la fiesta sea de otros. Ojalá esta gira sea el principio de algo y no otra postal de lo que pudo ser. Vamos, Chile, aunque sea desde el fondo del mundo.

En la fecha FIFA de septiembre, la selección chilena se va de gira por Norteamérica y enfrenta a Canadá (26 de septiembre en Toronto), Estados Unidos (29 de septiembre en Saint Louis, Misuri) y México (6 de octubre en Los Ángeles): los tres anfitriones del Mundial 2026 que vimos por televisión desde afuera, por tercera…

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