Se apagó el Mundial, se barrió el confeti, y mientras Nueva Zelanda cuenta los días para que la Premier League vuelva detrás del muro de pago, allá arriba, en el continente que dejé pero que nunca me dejó a mí, se está reabriendo la verdadera catedral. La Copa Libertadores vuelve del receso mundialista con los octavos de final: la ida se juega entre el 11 y el 13 de agosto, la vuelta una semana después, del 18 al 20. Y déjenme decirlo sin vueltas: no hay torneo en el planeta que me apriete el pecho como este.
Seis brasileños y un muro que da miedo
Lo primero, la foto grande: de los dieciséis que quedan, seis son brasileños. Flamengo, Palmeiras, Corinthians, Cruzeiro, Fluminense y Mirassol. Seis. Que un recién llegado como Mirassol esté en octavos y clubes históricos de media Sudamérica estén en casa dice todo sobre hacia dónde se fue el dinero, y con él el poder, en este continente. Duele reconocerlo desde la vereda chilena, pero es la verdad.
El cruce que todos vamos a mirar es Cruzeiro contra Flamengo, el vigente campeón (cuarta estrella en 2025, tras las del 81, 2019 y 2022) obligado a un clásico brasileño desde octavos. Sea cual sea el resultado, un brasileño llega a cuartos por ese lado sí o sí, y esa sola frase resume el problema. Palmeiras, el otro gran favorito, se topa con Cerro Porteño, y ojo con eso: los paraguayos terminaron primeros del Grupo F, por delante del propio Palmeiras. Nadie regala nada. Y del otro lado, Corinthians visita a un Rosario Central que en el Gigante de Arroyito no se rinde jamás.
La bandera chilena la cargan una universidad y un puerto
Y acá viene la parte que me tiene el corazón dividido. Mi Colo-Colo manda con autoridad en la Liga de Primera, pero de la Copa ya se despidió. Así que la bandera chilena en el continente la cargan otros dos, y me toca hacer algo que como colocolino cuesta admitir: alentarlos con todo.
Universidad Católica, el clásico rival al que tengo que aplaudir con los dientes apretados, enfrenta a Estudiantes de La Plata. No lo olviden: fue la UC la que dejó afuera a Boca Juniors en la fase de grupos, y eso, para cualquier chileno, vale su peso en oro. Ahora le toca el Pincha, uno de esos clubes argentinos que hacen de la Copa un modo de vida. Va a ser guerra.
Y después está Coquimbo Unido, mi debilidad de este invierno. El humilde equipo del puerto, campeón nacional por primera vez, líder de su grupo (algo que ningún chileno lograba desde Unión Española en 2014), ahora se mide con Platense en Vicente López. Un club de puerto peleándole a los grandes del continente: si eso no es el alma de la Libertadores, no sé qué lo es. Dos chilenos en octavos, ambos contra argentinos, ambos partiendo de visita. La cordillera nunca fue solo geografía.
El fixture completo de octavos
- Estudiantes de La Plata vs Universidad Católica
- Platense vs Coquimbo Unido
- Cruzeiro vs Flamengo
- Palmeiras vs Cerro Porteño
- Rosario Central vs Corinthians
- Fluminense vs Independiente Rivadavia
- Deportes Tolima vs Independiente del Valle
- Mirassol vs LDU de Quito
Cómo verla desde Nueva Zelanda
Acá viene el eterno problema del hincha en el fin del mundo: los horarios y las señales. Ningún canal kiwi le va a dar espacio a esto, así que preparen el stream y, sobre todo, el despertador o la hora de almuerzo.
- Universidad Católica vs Estudiantes (ida): martes 11 de agosto en La Plata, que acá se traduce en la tarde del miércoles 12, cerca del mediodía hora de Nueva Zelanda (alrededor de las 12:30pm NZT).
- Platense vs Coquimbo Unido (ida): miércoles 12 de agosto en Vicente López, o sea la mañana del jueves 13 en Nueva Zelanda (cerca de las 10:00am NZT).
Confírmenlo el mismo día, porque las señales sudamericanas mueven horarios con una facilidad que asusta, pero para planear la semana esa es la ventana. Las vueltas serán entre el 18 y el 20, ya en Chile, y ahí sí que el ambiente va a ser otra cosa.
Un detalle que no es menor: si la serie termina igualada, esto se define directo desde los doce pasos. Sin alargue, sin respiro. Penales. Para el que la sufre a las siete de la mañana con un café en la mano, no hay tortura más hermosa ni más cruel.
Voy a ser honesto: sé que lo más probable es que un brasileño levante la Copa de nuevo, y que la lógica del dinero se imponga como se viene imponiendo hace años. Pero la Libertadores no se mira con la calculadora, se mira con las tripas. Y estas tripas, desde el otro extremo del mundo, van a estar con la Católica que odio querer, con el Coquimbo que me devolvió la fe, y con la ilusión terca de que una noche, en algún estadio del continente, la bandera chilena vuelva a ondear donde nadie la esperaba. Vamos, que arranca. Pongan el despertador.




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