Mi Colo-Colo manda en Chile pero ya no está en la Copa: ahora la bandera chilena en la Libertadores la carga un club de puerto, Coquimbo Unido

Confieso algo que suena raro viniendo de un hincha de Colo-Colo. Mi equipo está arrasando en Chile: le acaba de ganar 4-3 a Everton en Sausalito, octava victoria al hilo, quince puntos de ventaja en la cima de la Liga de Primera, el mejor arranque de un técnico albo en lo que va del siglo. Y sin embargo, cuando pienso en la Copa Libertadores, el torneo que de verdad me hace latir el corazón, mi Cacique no está. Se despidió del continente. La bandera chilena en la Copa, esa que a mí me importa más que ninguna otra cosa en agosto, la carga hoy otro: un humilde club de puerto llamado Coquimbo Unido.

El equipo que nadie tomaba en serio

Si eres kiwi y nunca escuchaste hablar de Coquimbo, no pasa nada, la mitad de Chile tampoco los tenía en el radar hace un año. Los piratas (así les dicen, por el puerto) son un club chico, de una ciudad chica en el norte de Chile, sin la billetera de los grandes de Santiago. Y aun así hicieron lo impensado: ganaron su primer título de Primera División en más de cien años de historia, se metieron a la Libertadores, y una vez adentro, en lugar de hacer bulto, se pusieron a mandar.

Octavos: Coquimbo contra Platense

El equipo de Hernán Caputto terminó líder del Grupo B. Léelo de nuevo: líder. Un grupo con Nacional de Uruguay y Deportes Tolima, y el que quedó primero fue el equipo del puerto. Golearon 3-0 al Tolima en casa, aguantaron de visita, y hasta una derrota 1-0 con Nacional en el último partido no les alcanzó para bajarlos del primer lugar. Para que dimensiones lo que significa esto: el último club chileno que cerró su grupo como líder en la Libertadores fue Unión Española, y de eso hace doce años. Doce. Toda una generación de hinchas chilenos esperando volver a ver a los nuestros mandar en la Copa, y lo consigue el equipo que nadie invitaba a la mesa.

Ahora viene lo bueno. En octavos de final, Coquimbo se cruza con Platense, uno de esos equipos argentinos duros, incómodos, de esos que no te regalan un centímetro. La ida se juega entre el 11 y el 13 de agosto, y la vuelta entre el 18 y el 20. Coquimbo definirá de local en el Francisco Sánchez Rumoroso, ese estadio pegado al mar donde el viento del Pacífico se mete en la cancha y el aliento de la gente del norte no baja nunca. Si hay un lugar donde los piratas pueden dar el golpe, es ahí.

No me voy a poner a vender humo: Platense es un rival de esos que te obligan a sufrir noventa minutos. Pero esta Libertadores ya me enseñó a no subestimar a los piratas. Cada vez que alguien los daba por muertos, ellos respondían con un partidazo. Y en la Copa, más que en cualquier torneo del mundo, el que juega sin miedo y con su gente detrás es capaz de cualquier cosa. Pregúntenle a los grandes que han caído en canchas humildes del continente.

Por qué un hincha albo termina alentando a Coquimbo

Alguien me va a decir: pero si tú eres de Colo-Colo, ¿cómo vas a alentar a otro club chileno? Y la respuesta es simple. Coquimbo no es rival mío. No es la U, no es Católica, no es nadie a quien yo tenga que odiar por costumbre. Es un club chileno peleando en la Copa que a mí me crió como hincha, representando una bandera que es la mía. Cuando mi Cacique ya no está, yo no me quedo sin equipo en la Libertadores: me pongo la camiseta del que sigue vivo, sobre todo si es el chico, el del puerto, el que llegó hasta acá a punta de trabajo y no de chequera.

Y hay algo más, algo que un hincha sudamericano lejos de casa siente en el pecho. La Libertadores es el torneo que echo de menos cada semana acá en Nueva Zelanda. Las noches largas, las hinchadas que no paran de cantar, las canchas que tiemblan, esa cosa hermosa y peligrosa que el fútbol europeo, con todo su dinero, nunca me va a dar. Que sea el equipo más chico el que me devuelva ese sabor, el que me haga volver a sentir la Copa como cuando era niño, eso vale oro.

Cómo verla desde el fondo del mundo

La parte incómoda: verla desde acá cuesta. Ningún canal kiwi te va a poner la Libertadores, así que toca buscar el streaming que corresponda a Chile o Sudamérica. Y ojo con el horario: Chile está unas dieciséis horas atrás de Nueva Zelanda, así que un partido que allá arranca de nochecita a nosotros nos cae al mediodía del día siguiente. Cuando la Conmebol confirme el día y la hora exactos del Coquimbo contra Platense (dentro de esa ventana del 11 al 13 de agosto), lo más probable es que te toque verlo a media mañana o a la hora de almuerzo acá, con el mate o el café en la mano. Yo ya despejé la agenda.

Así que sí: mi Colo-Colo manda en Chile y yo feliz por eso. Pero mi corazón en agosto está en el norte, en un estadio frente al mar, con un club que nadie invitó y que igual se sentó en la cabecera de la mesa. Vamos los piratas. En la Copa, la única bandera chilena que queda es la de ustedes, y la vamos a defender hasta el final.

Colo-Colo arrasa en la Liga de Primera (le ganó 4-3 a Everton, octava victoria seguida, quince puntos de ventaja), pero mi club ya se despidió de la Copa Libertadores. Así que la bandera chilena en el continente la carga otro: Coquimbo Unido, el humilde equipo del puerto que ganó su primer título nacional, terminó líder…

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