Voy a confesar algo. Cuando Chile quedó afuera de este Mundial, me prometí mirarlo con distancia, como turista. Mentira. El martes terminé de pie en el living, a una hora absurda, gritando un gol de Nueva Zelanda como si fuera de Colo-Colo en un superclásico. Los All Whites empataron 2-2 con Irán en su debut, y desde el fin del mundo les digo: este punto sabe a gloria.
Lo que pasó en la cancha
Nueva Zelanda salió sin complejos. A los siete minutos, Eli Just ya había puesto el 1-0 y el estadio se vino abajo. Irán, que de tonto no tiene nada y que llegaba con galones de varios Mundiales encima, lo empató en el minuto 32 con un cabezazo de Ramin Rezaeian. Hasta ahí, la historia conocida: el grande experimentado le pasa por encima al chico ilusionado.
Pero estos All Whites no leyeron el guion. En el 55, otra vez Eli Just, otra vez a callar a los que daban a Nueva Zelanda un 19 por ciento de chance. Irán reaccionó rápido y Mohammad Mohebbi puso el 2-2 cerca de la hora de juego, y de ahí al final fue puro corazón, defender con uñas y dientes y aguantar el punto. 2-2 y a casa con la frente en alto.
Eli Just, acuérdense del nombre
Dos goles en un debut mundialista. Eli Just se convirtió en el primer futbolista de Nueva Zelanda en marcar un doblete en una Copa del Mundo. Que quede registrado, porque estas cosas no pasan todos los días en un país donde el rugby se come casi todos los titulares. En Sudamérica entendemos bien lo que significa: hay jugadores que nacen para un escenario, y este pibe agarró el más grande de todos y lo hizo suyo.
Me gustó la personalidad, me gustó que no especularon. Los All Whites podrían haber salido a meter el bus y rezar. En cambio salieron a proponer, y por eso este empate vale doble. Cuando un equipo chico juega sin miedo, uno lo adopta sin pensarlo. Yo ya estoy adentro.
Por qué un empate sabe a victoria
Pongámoslo en contexto. Nueva Zelanda volvía a un Mundial después de 16 años, desde Sudáfrica 2010. En aquel torneo no ganaron, pero tampoco perdieron: tres empates y a casa invictos, una hazaña que todavía recuerdan acá con cariño. Este grupo cargaba con esa mochila y con la fama de ser el rival más débil del Grupo G. Sumar de entrada, y encima contra un Irán curtido, no es poca cosa: es plantar bandera.
Hay quien dirá que un empate no clasifica a nadie. Cierto. Pero el formato de 48 equipos premia a los mejores terceros, y un punto en el debut te mantiene vivo y con la calculadora a favor. En un grupo tan parejo, no regalar nada el primer día puede valer un boleto a la siguiente ronda.
El Grupo G quedó abierto de par en par
Y acá viene lo bueno. En el otro partido del grupo, Egipto le aguantó el empate a Bélgica, una de las candidatas a todo. Con Mohamed Salah moviendo los hilos, los egipcios le sacaron un puntazo a los belgas en un partido en el que Courtois y compañía se fueron con bronca. ¿El resultado de todo esto? Las cuatro selecciones del Grupo G terminaron la primera fecha igualadas con un punto. Nadie sacó ventaja, nadie quedó sentenciado.
Para Nueva Zelanda, eso es oro. Significa que el grupo se va a definir en la cancha y no en los papeles, y que los All Whites llegan a la segunda fecha dependiendo de sí mismos. Hace una semana eso parecía ciencia ficción.
Lo que viene: Egipto, el lunes que importa
El próximo examen es Egipto, el lunes 22 de junio a la 1pm hora de Nueva Zelanda, gratis por TVNZ 1 y TVNZ+. Ojo con este partido, porque puede ser el más importante de la historia reciente de los All Whites. Egipto demostró ante Bélgica que está para competir, y Salah es de esos jugadores que te ganan un partido en cualquier momento, así que nada de confiarse.
Pero si los kiwis repiten la actitud que mostraron ante Irán, si vuelven a salir a jugar y no a esconderse, le pueden complicar la vida a cualquiera. Un triunfo ante Egipto los metería de lleno en la pelea por los octavos. Pónganle una alarma, prendan TVNZ y acompañen. Yo, sin Chile en la fiesta, ya elegí a quién voy a hinchar desde este rincón del Pacífico. Vamos los All Whites.



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