Cuando tu selección no está en el Mundial, terminas adoptando vecinos. Es ley de hincha. Y esta vez, desde Nueva Zelanda y en pleno invierno, el vecino que me tocó adoptar con más ganas fue Paraguay, que volvió a una Copa del Mundo después de 16 años. Lo primero que recibió la Albirroja fue un 4-1 de Estados Unidos en Los Ángeles. Dolió. Pero antes de tirar a Paraguay al tacho, paremos la pelota.
Dieciséis años es muchísimo tiempo
Para dimensionar lo que significa esta vuelta hay que acordarse de la última vez. Sudáfrica 2010: Justo Villar bajo los tres palos, una defensa que parecía un muro, y un Paraguay que llegó hasta cuartos de final y solo cayó ante la España campeona del mundo, en ese partido eterno donde Cardozo erró un penal que todavía debe doler en Asunción. Aquella era la generación dorada de los guaraníes. Después vino el desierto: tres Mundiales mirándolo por televisión, eliminatorias frustrantes, recambios que no terminaban de cuajar. Por eso esta clasificación, con Gustavo Alfaro en el banco, tiene sabor a resurrección más que a simple regreso.
El 4-1 duele, pero hay que leerlo con calma
Cuatro a uno suena a paliza, y en parte lo fue. Pero el contexto importa: Paraguay debutó nada menos que contra el local, en Los Ángeles, con un estadio entero empujando a Estados Unidos y con la presión de ser la primera sudamericana en saltar a la cancha tras esa larga ausencia. No es excusa, es lectura. Alfaro, que ya sabe lo que es un Mundial porque llevó a Ecuador a Qatar 2022, salió a la conferencia sin agachar la cabeza y dejó claro que su Paraguay no se va a esconder. Me gustó esa actitud. Prefiero mil veces un técnico desafiante a uno que pide perdón en la primera fecha.
Lo otro que me dejó el partido es que Paraguay metió un gol. Puede parecer una pavada, pero a una selección que venía de jugar un fútbol de resultado, de 1-0 y a aguantar, verla convertir en su estreno mundialista no me parece poca cosa. Hay material ofensivo. Falta orden atrás, y eso es lo que Alfaro tiene que arreglar antes que cualquier otra cosa.
El Grupo D sigue abierto de par en par
Acá está la clave que mucha gente se está perdiendo con el ruido del 4-1: este grupo no está cerrado ni de lejos. En el otro partido de la fecha 1, Australia le ganó 2-0 a Turquía, que volvía a un Mundial después de 24 años y se fue con las manos vacías. O sea, los dos rivales que le quedan a Paraguay ya mostraron sus cartas, y ninguno es un coco. Turquía perdió y llega golpeada. Australia compite, pero es batible.
El calendario que viene para la Albirroja es el siguiente, con horarios de Nueva Zelanda para los que miramos desde el fin del mundo:
- Paraguay vs Turquía: sábado 20 de junio, 3pm hora de Nueva Zelanda (NZT), en Santa Clara. Esta es, para mí, la final de Paraguay: ganar y todo cambia.
- Paraguay vs Australia: cierre del grupo el 25 de junio en Santa Clara (madrugada del 26 en hora de Nueva Zelanda). Si llega con vida a esta fecha, puede ser una clasificación con final de infarto.
Estados Unidos manda en el grupo con esos tres goles de diferencia, sí, pero clasifican dos por grupo y además avanzan varios terceros en este Mundial de 48 selecciones. Paraguay no necesita una hazaña: necesita ganarle a Turquía y competirle a Australia. Está todo en sus pies.
Por qué los voy a seguir mirando
Seré honesto: como chileno, lo de Paraguay siempre me generó respeto antes que cariño. Son el clásico rival incómodo de las eliminatorias, esos que te sacan un empate en Asunción con un calor imposible y una garra que no afloja nunca. Pero justamente por eso, con Chile fuera de esta fiesta, es la clase de selección que da gusto adoptar: nada de divos, nada de marketing, puro equipo que se rompe el lomo. La garra guaraní es de las pocas cosas del fútbol sudamericano que ningún algoritmo te puede explicar; hay que haberla sufrido del otro lado para entenderla.
Así que no, no entierro a Paraguay por un 4-1 contra el anfitrión. Los voy a poner el sábado a las 3 de la tarde, con el mate listo aunque acá afuera esté helado, a ver si Alfaro acomoda el equipo y le da a Sudamérica una alegría de las que no se ven hace rato. Dieciséis años esperando este Mundial. Sería una lástima que durara solo tres partidos.



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