Chile sin Mundial otra vez: lo que duele ver la fiesta desde el fin del mundo

Una estrella roja solitaria sobre fondo oscuro con el texto SIN MUNDIAL: Chile fuera del Mundial 2026

El 11 de junio empieza el Mundial y yo voy a estar viendo el partido inaugural desde mi living en Nueva Zelanda, con la camiseta de la Roja puesta. No porque Chile juegue. Chile no juega. Chile no juega desde Brasil 2014, y a este paso mis canas van a llegar antes que la próxima clasificación. Me pongo la camiseta por costumbre, por duelo, por terquedad. Por hincha.

Los números de la vergüenza

Hay que decirlo con todas sus letras porque esconderlo no sirve de nada: Chile terminó último en las eliminatorias sudamericanas. Último. Detrás de todos. Once puntos en 18 partidos: dos victorias, cinco empates, once derrotas. La peor campaña de nuestra historia desde que existe el formato de todos contra todos. La eliminación se selló en El Alto, perdiendo 2-0 contra Bolivia a 4.150 metros de altura, y esa noche se fue Gareca y se fue también la última excusa que nos quedaba.

Y lo más cruel: este era el Mundial fácil. 48 equipos. Seis cupos directos para Sudamérica y un repechaje. Clasificaron seis de diez. Había que ser muy, pero muy malos para quedarse afuera. Lo fuimos.

La generación dorada no tiene herederos, y eso es culpa de todos

Yo crecí viendo a Chile sufrir, después vi a Chile tocar el cielo dos veces en Copa América, y ahora veo esto. La pregunta que me persigue no es por qué perdimos con Bolivia. Es qué hicimos durante diez años mientras la generación dorada envejecía. Dónde estaban los proyectos de formación, las inversiones en cadetes, la planificación. El talento no se acabó por mala suerte. Se acabó porque nadie sembró cuando había cosecha.

Ver el Mundial desde afuera, dos veces

Hay una soledad muy específica en ser hincha de una selección eliminada viviendo en un país que sí clasificó. Acá en Nueva Zelanda todos están ilusionados con los All Whites, y hacen bien, y yo también voy a alentarlos con todo. Pero cuando suene el himno de cualquier selección sudamericana en este Mundial, una parte mía va a estar en otra parte: en un asado en Santiago que no existe, en una calle que explota con cada gol, en ese país entero detenido que es Chile cuando juega la Roja.

El exilio futbolero tiene esta trampa: extrañas algo que ni siquiera está pasando. Extraño un Mundial con Chile que no existe. Duele doble.

Lo que voy a hacer igual

Voy a ver el Mundial entero, porque el fútbol es más grande que mi pena. Voy a alentar a los All Whites, mi país adoptivo merece su fiesta. Voy a alentar a cada selección sudamericana, porque cuando no juega tu bandera, juega tu continente. Y voy a escribir todo acá, en los dos idiomas, porque alguien tiene que contar el Mundial desde este rincón del mapa.

Y en 2030, cuando Chile vuelva (porque va a volver, no acepto otra hipótesis), este blog va a estar aquí para contarlo. La esperanza es lo último que se pierde. Lo dice un hincha de la Roja. Nosotros somos doctorados en esperanza.

Tres Mundiales seguidos sin la Roja. Últimos en las eliminatorias, 11 puntos, y un Mundial que empieza sin nosotros. Una columna escrita con rabia y con amor desde Nueva Zelanda.

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