Faltan dos días para que ruede el balón en este Mundial y yo, como buen chileno varado en Nueva Zelanda, vuelvo a vivir la misma escena de siempre: ver a Brasil prepararse para una Copa del Mundo mientras nosotros la miramos desde el sillón. Duele, pero no voy a mentir, también da curiosidad. Y esta vez la historia del Scratch tiene un condimento que no veíamos venir: un italiano en el banco y un Neymar que llega con lo justo.
Un europeo dirigiendo a la Verdeamarela
Que Carlo Ancelotti dirija a Brasil en un Mundial todavía me suena raro al oído. Brasil siempre fue territorio de técnicos brasileños, de esa idea de que nadie de afuera entiende el jogo bonito. Y de repente el tipo que ganó todo en el Madrid agarra la Canarinha y arma su primera lista grande para una Copa. A mí, que crecí mirando finales con la camiseta de Colo-Colo puesta, me parece una jugada enorme: Brasil reconociendo que necesitaba orden, gestión de vestuario y oficio europeo. O sea, reconociendo que algo se había roto. Para una potencia tan orgullosa, eso ya es noticia.
La lista de 26 tiene de todo. Adelante aparecen Vinícius Júnior, Raphinha, Rodrygo no, pero sí Endrick, Gabriel Martinelli, Matheus Cunha y un Estêvão que ilusiona. En el medio, la veteranía de Casemiro y Lucas Paquetá con la energía de Bruno Guimarães y João Gomes. Atrás, Marquinhos y Gabriel Magalhães mandando, y en el arco Alisson, que para mí sigue siendo de los mejores del mundo. Es un plantel que cualquier seleccionador firmaría. El problema de Brasil nunca fue el material, fue ordenarlo.
El caso Neymar: corazón contra cabeza
Y después está Neymar. Ancelotti lo metió en la lista pese a una lesión grado dos en la pantorrilla derecha, esa que lo dejó fuera de los amistosos previos. Vendría a ser su cuarto Mundial (2014, 2018, 2022) y todos sabemos que físicamente no es el mismo desde la rotura de ligamentos de octubre de 2023. Este año en Santos jugó a cuentagotas: pocos partidos, algunos goles, mucha enfermería.
Acá es donde me peleo conmigo mismo. La cabeza me dice que llevar a un jugador que no compite hace semanas a un Mundial es un riesgo enorme, que le quitas un cupo a alguien que está fino y enchufado. La he visto mil veces en Sudamérica: el ídolo que va por nombre y termina pesando como una mochila. Pero el corazón, ese corazón de hincha que nunca se cura, entiende perfecto a Ancelotti. Neymar en un buen día sigue siendo de los pocos que te resuelven un partido cerrado con un caño y un pase imposible. Si hay alguien capaz de gestionar ese cuerpo con cuidado, dosificando minutos, es justamente un técnico que manejó vestuarios imposibles toda su carrera. Ancelotti dijo que Neymar mejoró y que será importante. Yo quiero creerle, aunque desde la barrera mantengo el escepticismo bien chileno.
El debut ante Marruecos y los horarios NZT
Brasil cayó en el Grupo C, con Marruecos, Haití y Escocia. Y ojo con el rival del estreno, porque Marruecos no es relleno: fueron semifinalistas en Qatar y tienen un equipo que aprieta, corre y no le tiene miedo a nadie. Si Brasil entra relajado pensando en el Mundial largo, se puede llevar un susto en el primer día.
Para los que miramos desde el fin del mundo, anoten: Brasil vs Marruecos se juega en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, a las 6 pm hora del este de Estados Unidos del 14 de junio, lo que acá en Nueva Zelanda son las 10 de la mañana del lunes 15 de junio (NZT). Después vienen Haití el 20 de junio y Escocia el 25. O sea, fútbol de Brasil para el desayuno kiwi, que no está nada mal.
Por qué lo voy a ver igual
Acá viene la confesión incómoda. A los chilenos nos cuesta querer a Brasil, son el vecino grande que siempre nos ganó las que importaban. Pero esta es la tercera Copa seguida que vemos sin la Roja, y a esta altura uno aprende a disfrutar el fútbol bueno venga de donde venga. Y Brasil, con todos sus líos, sigue siendo Brasil: cuando se sueltan, no hay espectáculo igual en el planeta.
Tengo la sensación de que este Mundial define algo más grande que un título. Define si la fórmula del técnico europeo más una camada nueva (Endrick, Estêvão, Vinícius en su prime) puede devolverle a Brasil el lugar que perdió desde aquel 7 a 1. Y define, de paso, si la apuesta sentimental por Neymar fue genialidad o nostalgia. Yo me siento el 15 de junio a las diez de la mañana, café en mano, a verlo. Sin Chile, pero nunca sin fútbol. Vamos a ver de qué está hecho este Brasil de Ancelotti.



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