Sin Chile en la fiesta, uno termina haciéndose hincha de barrio ajeno. Lo confieso sin vergüenza: desde Nueva Zelanda, con la Roja mirando el Mundial por televisión como el resto de nosotros, me dediqué a contar los puntos de los vecinos. Seis selecciones de la Conmebol en esta Copa, la cuota más alta que Sudamérica ha tenido nunca, y yo acá anotando cada gol como si me tocara algo. No me toca nada, claro. Pero el corazón sudamericano no entiende de fronteras ni de husos horarios.
Terminada la primera fecha, el saldo de los seis es de esos que no te dejan ni festejar del todo ni amargarte entero: dos ganaron, dos empataron, dos perdieron. Repartido como naipe. Vamos por partes, porque cada uno me dejó una sensación distinta.
Los que me hicieron levantar de la silla
Argentina hizo lo que Argentina sabe hacer cuando está de buen humor: un 3-0 a Argelia en Kansas City con triplete de Messi, el primer hat-trick de su carrera en un Mundial. A los 38 años, en lo que casi seguro es su última Copa, el tipo llegó a 16 goles mundialistas e igualó el récord histórico de Miroslav Klose. Uno puede tenerle la bronca deportiva que quiera (yo le tengo unas cuantas, soy chileno), pero negar lo que significa verlo todavía decidiendo partidos a esta altura sería mezquino. La Albiceleste arrancó como candidata y se nota.
Colombia fue la otra que me dejó contento. Un 3-1 a Uzbekistán que sabe a alivio en un Grupo K con trampa, donde está Portugal esperando. James todavía manda en la cancha y Luis Díaz anda en su mejor momento. De las sudamericanas, Colombia es la que miro con más ganas y un poco de envidia, ya lo dije por acá la semana pasada, y de momento no me está haciendo quedar mal.
Los que prometieron y entregaron a medias
Brasil empató 1-1 con Marruecos en el debut y dejó esa sensación rara de equipo con jugadores para todo y cabeza para nada. Ancelotti tiene material de sobra, pero el Scratch que vi todavía no es un equipo, es una lista de nombres buenos. Hoy juega ante Haití en Filadelfia (sábado 20 alrededor de la 1pm hora de Nueva Zelanda) y es la clase de partido donde un grande de verdad golea y se saca la duda de encima. Veremos si aparece.
Y después está Uruguay, que para mí es el empate más doloroso de la fecha. Un 1-1 con Arabia Saudita, con Maxi Araujo salvando un punto sobre el final, y un Marcelo Bielsa que terminó diciendo lo que todos pensábamos: era un partido ganable que no ganaron. A Bielsa lo quiero como si fuera medio chileno, porque a la Roja la hizo soñar como nadie en su momento, y por eso me duele doble verlo masticar bronca en el banco celeste. Uruguay tiene equipo. Lo que le falta todavía es ser el Uruguay que asusta. El domingo 21 ante Cabo Verde no hay excusa.
Los que arrancaron cuesta arriba
Paraguay volvió a un Mundial después de 16 años y lo primero que recibió fue un 4-1 de Estados Unidos. Ya lo escribí: no los entierro todavía, porque la Albirroja de Gustavo Alfaro es dura y el grupo sigue abierto. Hoy juega ante Turquía (sábado 20 por la tarde, hora de Nueva Zelanda) y se juega media clasificación de una.
Ecuador, en cambio, cayó 1-0 con Costa de Marfil, y ese me preocupa más, porque la Tri venía siendo la sorpresa linda de las Eliminatorias. Una derrota en el debut no condena a nadie, pero deja la mochila pesada para lo que viene. Entre Paraguay, Ecuador y Brasil, las primeras sudamericanas en debutar apenas rescataron un punto de nueve posibles. Después Argentina y Colombia enderezaron el promedio, pero el arranque colectivo no fue para sacar pecho.
Lo que viene, y por qué lo voy a mirar igual
La segunda fecha es la que ordena el Mundial de verdad. Argentina enfrenta a Austria el lunes 22, Uruguay tiene a Cabo Verde el domingo 21, Brasil y Paraguay juegan hoy sábado, y Colombia buscará dejar casi resuelto su grupo. Todos los horarios conviene chequearlos en hora de Nueva Zelanda antes de prender la tele, porque acá el Mundial se juega de madrugada y a mediodía, nunca cuando uno querría.
¿Me gustaría estar contando los puntos de Chile en vez de los ajenos? Obvio que sí, hasta el último hueso. Pero mientras eso no pase, hay algo terco y bonito en seguir gritando los goles de estos seis desde el fin del mundo. Es la única forma que conozco de no soltarle la mano al fútbol que me crió. Sudamérica arrancó a media máquina, sí. Pero todavía hay un Mundial entero por delante, y yo lo voy a mirar entero, con rabia linda y café a deshora.



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